No hace falta que
diga, que odio la Navidad.
Desde aquella vez me es imposible pensar en la Navidad como
algo bonito, festejo y lleno de alegría. Me es imposible olvidar el dolor. Por
muchas luces que coloque. Por mucho que intenten que me contagie de su espíritu
navideño, que por otra parte me parece insulso y carente de alma. Desde aquella
vez no he tenido interés en este estúpido mes de Diciembre. No he tenido
interés en desear un año nuevo bueno, porque nunca es bueno. No he tenido interés
en nada…
Siempre rondó por mi cabeza como sería la Navidad en mi vida
cuando falte mi abuela, el alma de la fiesta. Por lúgubre que suene siempre
tuve ese pensamiento, esa preocupación, ese fantasía desdicha y triste. Siempre
creí que si mi familia se rompió una vez y que tarde o temprano volverá a
romperse definitivamente en todos los trocitos que la componen. Mi abuela, ella
es el último pegamento que queda para que todos estén unidos y ahora soy
incapaz de imaginar que pasará cuando ella ya no esté.
Sin embargo, otro tema me trae aquí. Otra persona hace que
me siente a escribir después de todo este tiempo. Otro pensamiento es el que me
obliga a encerrarme en mi cuarto a oscuras. Otros quebraderos de cabeza son las
que llevan un tiempo rondándome por la cabeza, y como siempre tengo que sacarlo
todo de ahí. Una vez más tengo que pararme un segundo e intentar ver las cosas
después de un punto de vista frío, aunque eso no siempre lo consiga…
Él, él me trae hoy aquí. Él es el que más me deprime. El que
mueve mis entrañas, el que empuja la primera lágrima, el que no me deja que le
olvide. Él es quien tiene un peso muy grande sobre mi, quien decide si debo
alegrarme. Él es quien hace que odio mi camiseta marrón del osito. Quien hace
que luche con todas mis fuerzas o que simplemente deje el tiempo correr sin
más. Quien me da ánimos para afrontar mis problemas y quien me recuerda que no
todo en la vida sale como uno quiere. Él me inspira. Me ayuda a corregirme. Me
hace crecer. Me dibuja una sonrisa amarga en la boca. Él es el comienzo de mi
calvario.
No me imagino la vida sin él, sin embargo la vivo. No quiero
tener que estar pensándolo constantemente, sin embargo lo pienso. Me gustaría
decir que el tiempo ha curado mis heridas, pero no lo ha hecho. Me gustaría
estar feliz las veinticuatro horas del día, pero siempre hay algún momento en
el que te veo en mi mente. Siempre hay algo que me recuerda que no lo he
superado, algo que me empuja a seguir para adelante y que a la vez me hunde en
lo mas profundo. Él no sabe cuantísimo le echo de menos y lo que daría porque
las cosas no sean como son. Me gustaría pensar solo en el pasado, pero es el
futuro el que me aterra.
No quiero pensar que será de la Navidad si no estás aquí,
sin embargo, y más en las fechas en las que estamos, no puedo evitar pensarlo.
No quiero vivir si ese recuerdo me va a perseguir para toda mi vida, sin
embargo siempre lo recordaré.
No hace falta que
diga, que odio la Navidad.
Nunca ganaré este juego sin ti –
D.Guetta
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